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lunes, 25 de noviembre de 2013

El árbol de la muerte (literalmente)

El nombre de este árbol no está puesto a la ligera ni mucho menos y desde luego hay que tener en cuenta el peligro que puede presentarnos esta planta si nos acercamos mucho a ella. 
El manzanillo de la muerte o bien manzanillo de arena (Hippomane mancinella) es una de las plantas más peligrosas del mundo pues toda ella es puro veneno, desde su tronco hasta sus frutos, que a primera vista nos pueden parecer mazanas comunes, solo que de menor tamaño. Es nativa de Florida, las Bahamas, el Caribe, América central y el norte de Sudamérica.


Si nos atreviésemos a tocar su tronco, podríamos sufrir quemaduras debido a su savia tóxica e ingerir sus frutos es mortal. En la época de floración, el polen o los pelos desprendidos de los elementos florales son alérgenos, produciendo sarpullidos, fiebre y otros trastornos. Incluso quemar su madera genera humos tóxicos. 



Tampoco se recomienda quedarse debajo del este árbol, ya que el mero contacto de sus hojas con los ojos puede producir ceguera, especialmente cuando llueve, debido a que el agua arrastraría las sustancias caústicas de las hojas y podría caer sobre nosotros.


Algunos turistas incautos que paseaban por las playas caribeñas han comido sus frutos, pensando que se trataban de manzanas silvestres, y aunque su sabor es dulce y agradable al probarlas, su veneno provoca una muerte segura. Da lugar a una inflamación virulenta de las mucosas, la tráquea se cierra y, en algunos casos, se produce una hemorragia masiva en cuanto la toxina alcanza el estómago.



Ya en tiempos de los colonizadores españoles, los nativos del Caribe utilizaban la savia del manzanillo como veneno para las puntas de sus flechas, haciéndolas más mortíferas para sus enemigos.

En la actualidad está planta está bastante amenazada, pues se ha procedido a su exterminio total a causa de los peligros que pueden presentar a los turistas. Así es como una de las plantas más peligrosas del mundo supone una amenaza par sí misma debido a su letal naturaleza.

Las islas Galápagos: Inspiración de Darwin.

Este archipiélago ubicado a 972 km de la costa de Ecuador conocido por su gran variedad de especies endémicas fue dónde el famoso naturalista Charles 
Darwin desarrolló su teoría de la evolución.

Las islas Galápagos constituyen un archipiélago del océano Pacífico. Está conformado por 13 islas grandes con una superficie mayor a 10 km², 6 islas medianas con una superficie de 1 km² a 10 km² y otros 215 islotes menor tamaño. Pertenecen a la nación de Ecuador.




Santa Cruz es la isla más poblada y en ella está la capital del archipiélago: Puerto Ayora. A pesar de estar ubicadas en la línea ecuatorial, el clima del agua de las islas está influenciado por la Corriente de Humboldt, que trae corrientes frías del sur del continente. La temperatura se mantiene en un promedio de 25ºC durante todo el año.

De origen volcánico, las Galápagos son características por su gran variedad de especies endémicas como: las iguanas marinas y terrestres, tortugas gigantes, leones marinos y peleteros, gaviotas de lava, pinzones de Darwin,  pingüinos de las Galápagos…



Su flora, con alrededor de 560 especies nativas de plantas en las islas de las cuales aproximadamente una tercera parte de la flora de Galápagos son endémicas, es tan extraordinario como su fauna. Muchas especies son tan diferentes de otras que se agrupan en sus propios géneros endémicos. Estas plantas forman un ecosistema complejo que se puede dividir en zonas de vegetación específica: Zona Costera, Zonas áridas, Zona de Transición, Zona Scalesia, Zona Marrón, Zona de Miconia y Pampa Zona.




Por ser un laboratorio natural único en el mundo, Galápagos y sus recursos naturales son Patrimonio Natural de la Humanidad, distinción entregada por la Unesco en 1979.  

A continuación os dejamos un power point con más información sobre estas asombrosas islas: 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Bioluminiscencia: Bienvenidos a un espectáculo de luces acuáticas.

Seguramente ya conozcáis esta facultad que tienen algunos seres vivos de emitir luz propia, como es el caso de las luciérnagas. Para ser más específicos, se trata de una conversión directa de energía química en energía lumínica. Para que esta reacción química ocurra es necesaria la presencia de una proteína denominada luciferina, la enzima catalizadora luciferasa, oxígeno molecular y ATP (Trifosfato de adenosina), sustancia capaz de generar la energía necesaria para que se dé la reacción. Es un fenómeno muy extendido en todos los niveles biológicos: bacterias, hongos, unicelulares, protistas, celentéreos, gusanos, moluscos, crustáceos, insectos, equinodermos, peces.


Es especialmente común en organismos marinos, sobre todo en las zonas más profundas de los océanos, donde no llega la luz. Por suerte, podemos ser testigos de este increíble acontecimiento en algunas pocas playas privilegiadas. En ciertas zonas del planeta estos organismos, que son transportados por las corrientes del mar hasta las orillas, nos deleitan con olas que emiten luz propia y de un color azul intenso. Es, sin lugar a dudas, otra sorpresa más que nos ofrece la naturaleza en estado puro. 



Aquí podemos ver dos claros ejemplos de bioluminiscencia en San Diego, California. Red tide es el nombre común que recibe esta acumulación de microorganismos en estas playas californianas. En este caso, los organismos responsables de estas olas azules son dinoflagelados que forman parte de un extenso grupo de protistas flagelados. Algunos dinoflagelados pueden emitir luz a través de bioluminiscencia, mientras que otros son responsables de las mareas rojas y floraciones algales nocivas. En conclusión, podríamos decir que son unos seres diminutos muy polifacéticos.